Prostitución y coronavirus

La nueva pandemia del Covid-19, como a cualquier currante, afecta tambien a las trabajadoras sexuales. Putas y escort se han visto seriamente afetadas por los riesgos de contagio. Más aun si cabe en situaciones donde el contacto con el cliente es tan íntimo. Las medidas de prevención eficaces se hacen más necesarias y urgentes a medida que el contacto es más estrecho. Si un enfermero se protege «como una cebolla» para atender a un infectado, y aun así, este se acaba por   contagiar, ¿qué solución podemos plantear para las trabajadoras sexuales? ¿Será este virus más nefasto y definitvo que el VIH (Sida) para la prostitución y para las «chicas de compañía», las escorts?

De nuevo la moral tradicional, las leyes divinas, parecen salirse con la suya: «cuanto menos sexo, mejor», «a lo sumo, sexo doméstico y marital»… La verdad es que son precepto aburridísimos, pero no cabe duda que de lo más seguro. Qué lastima que algunas de ellas, además de prohibir comer cerdo o vacas, no se hubieran dejado atrás los murcielagos, los pangolines y las ratas… No olvidemos que las misas y actos colectivos, santificados y castos por definción, también se han prohibido por riesgo sanitario de salud pública. Trabajar en sitios comunes también es campo abierto para el virus…

En terminos económicos, para el sector «laboral» sexual, desregularizado y alegal, el confinamiento, y lo que vendrá despues, supone un absoluto desastre. La mayoría de las trabajadoras sexuales no están dadas de alta en S. Social; ni cotizan ni tienen derecho a un prestación. Aunque algunas intentan sobrevivir con las «videollamadas» de pago (su teletrabajo), la mayoría dispondrá, a lo sumo, de una renta de subsistencia. La que haya sido lista y previsora podrá defenderse, pero las otras no.

El presente es un «mal de todos». No hay duda. Lo importante es el nuevo rumbo, el futuro. A falta de una vacuna y de un tratamiento solvente para los contagiados, lo más necesario son los test rapidos de detección. Medidas como guantes, mascarillas, duchas, geles, controles de temperatura, etc., etc. valdrán según qué servicio y qué contacto, pero lo más deficnitivo parece apuntar a los test rapidos. Su precio es asequible comparado con el servicio pretendido, y no dudamos de que las habilidades de estas trabajadoras dan como para realizar una pruebecita rápida. Por supuesto, como siempre, habrá más garantías de salud para quienes acepten mayor precio o tengan mayor poder adquisitivo. De lo que no tenemos dudas es de que todos tendrán que asumir riesgos, de que todos tendrán que velar por la prevención, pero tampoco de que «el mundo, con todos sus encantos y vicios, seguirá».

Tras las pinceladas, algún enlace:

https://www.niusdiario.es/sociedad/sanidad/doble-pandemia-coronavirus-prostitucion_18_2923995050.html