Putas, escorts y prostitutos o gigolós

La prostitución se define como la práctica de relaciones sexuales a cambio de dinero o similar. Con esto, nada más, se nos hace la lista interminable… Además, es el mejor desquite de una puta: ¿qué mujer no se ha casado ponderando antes los medios económicos de su pareja? Y viceversa también… Pero esta discusión es otra historia.

Las prostitutas, las «putas», han estado siempre tan solicitadas como denostadas. Han vivido juzgadas y aplastadas por el estigma social, uno que las dibujaba como golfas, sucías, enfermas o drogadictas, inmorales y viciosas. Quizás demasiada losa cuando los demandantes de sus servicios han sido hombres de «todas» las clases sociales. Por atender a cualquiera son criticadas por los hombres, y por atender a esposos o pretendientes son criticadas por ellas, sus parejas. Nadie las quería, pero muchos, a escondidas, han facilitado que su profesión, la más antigua, se haya perpetuado siglo tras siglo.

Servicios sexuales puntuales, ocasionales, a cambio de dinero. No hay amor, solo una transacción económica. Ellas dan su cuerpo y exhiben sus artes amatorias y ellos pagan, se desahogan o se liberan del yugo de su deseo sexual.

En la sociedad moderna, donde todo también se vende, a los servicios sexuales había que darles un aire nuevo, más limpio, más refinado, más selecto y cercano. Hoy día hay libertad de sobra, y la moral tradicional apenas convence ni nos limita. Ellas siguen vendiendo sus servicios, ofreciendo más nivel y más calidad: cuerpos esculpidos, locales de lujo, ambientes agradables, extras como masajes profesionales, etc, etc. Y ellos, a escondidas pero un 39% en España, siguen pagándo tales servicios al precio que sus carteras les permiten. Son las «escorts» o las «chicas de compañía» con amplias cualidades para todo: para opinar y comportarse en cualquier situación social, y para desplegar sus artes amatorias a la medida del más exigente cliente (lo que sería un «putero» si queremos repartir estigmas).

Por tanto, desde una visión simple, y siempre al margen de la explotación sexual o la trata de personas, tenemos putas y escorts. La diferencia, insisto, solo considerando a quienes ejercen libre y voluntariamente, es  a veces la duración de la relación, pero sobre todo, la calidad y la variedad de sus servicios, lo que sería su más o menos «profesionalidad«.  El dinero, que todo lo mide, no pagaría otra cosa.

El mundo avanza. Y «ellas», las mujeres consumidoras, también demandan. No solo son libres para ejercer, también lo son para demandar. Muchas tienen cartera de sobra; solo les queda superar los prejuicios y en vez de meter un billete en el slip de un estríper, negociar un rato de cama… No todas creen ya en los cuentos rosas ni en el principe azul. Si llega bien, pero entre tanto…

Los protitutos o gigolós (en Italia) o «jinetero» en Cuba,  igual que ellas, quieren ganar dinero. Dinero rápido, que no fácil. ¡Nunca es fácil!, Hombre a demanda hay, y cada vez más. Ellos ofrecen cuerpos esculpidos a base de flexiones y mil esfuerzos, ofrecen su formación y saber estar, sus habilidades sexuales, y van a tener que dar, o simular a la perfeccción como lo hacen ellas a diario, afecto, placer y deseo.

Como siempre, solo unas pinceladas. Si quieres saber más te dejamos estos enlaces:

https://psicologiaymente.com/sexologia/que-es-escort

Esta página de escorts de Mallorca también lo explica:

https://www.bestescortmallorca.com/hay-diferencias-entre-putas-prostitutas-o-escorts/